sábado, 9 de marzo de 2013

4º Semana de Cuaresma



CUARTA SEMANA DE CUARESMA

16. Danos otra oportunidad
¡Danos, Señor, otra oportunidad!,
otra posibilidad de convertirnos,
otra ocasión de empezar de nuevo.
Ya sé que hay días en que tienes motivos
para desesperar de nuestra tierra.
Hace ya veinte siglos que tu Palabra se hizo carne:
¡veinte siglos en los que no has dejado de gritamos:
«Convertíos y creed la Buena Noticia»!
Y nosotros seguimos agrediéndonos y haciéndonos sufrir mutuamente,
inventando armas cada vez más perfectas para matarnos unos a otros,
explotando las riquezas de la tierra sin ser capaces de compartirlas,
dejando que millones de seres humanos mueran de hambre,
ignorando la soledad de nuestro vecino...
Más de veinte siglos llevas tú enviando a cada generación
profetas que griten en nuestro desierto:
«¡Dad frutos que den fe de vuestra conversión!».
Y nada parece cambiar bajo el sol...
Sé muy bien, Señor, que tendrías razones de sobra
para impacientarte y montar en cólera...
Pero escucha el clamor de tu Hijo Jesús,
la oración de todos los santos, los de ayer y los de hoy,
que te piden una nueva oportunidad para salvar a nuestra pobre tierra:
¡Padre, tú que eres lento a la cólera y rico en amor,
ten piedad de tu pueblo; sé paciente un año más!
15 marzo 16





17.-Hay cruces como «de temporada»...
cruces de Adviento,
cruces de Cuaresma,
cruces de Semana Santa,
cruces de entierro y funeral,
cruces de ayuno y abstinencia,
cruces de ante-examen,
cruces de Casa de Ejercicios,
cruces de «Campaña en favor de...»,
cruces de...
No me fío mucho de esas cruces.
Oración
Señor, si hay algo que tengo claro en mi vida,
es que quiero seguirte.
Pero he de reconocer
que muchas veces el camino no es fácil:
Necesito que me recuerden varias veces
durante las cuatro semanas de Adviento que estás por llegar...
Necesito que me ayuden a ser consciente
de que seguirte implica pasar cuarenta días de desierto como tú hiciste...
Necesito que me laven los pies, que me preparen un trozo de madera
con el que parezca que estoy abrazando tu cruz,
necesito música y fiesta para sentir la verdadera alegría de tu Resurrección...
Necesito que me inviten “a no cenar” una noche
para concienciarme de que muchos de tus hijos
siguen muriendo de hambre...
Necesito vivir un gran problema
para darme cuenta de que un examen no es el fin del mundo...
Necesito que hagan unas convivencias
para poder hacer un hueco y encontrarme contigo...
Haz, Señor, que todo esto
no se convierta en cruces de desconfianza.
Que sea capaz de esperarte
con mi corazón y mis manos rebosantes de ESPERANZA,
que sea capaz de salir a tu encuentro por mi mismo,
sin que sea necesario que los demás me empujen a ello. Amén



18.- En la espera, Señor
Tantas veces, Señor, te hablo y te digo: “Aquí estoy”.
Tantas veces, Señor, soy el primero en salir al paso
cuando hablan de nosotros, los cristianos;
tantas veces, Señor, intento seguirte desde mis circunstancias…

Pero miro a mi alrededor y veo que algo falla
y pronto me desanimo; tardo poco en vencerme y en cubrir mi rostro;
tardo poco en pensar que no soy capaz de cambiar nada,
y que mi trabajo, mi esfuerzo por mostrarte a los otros, es escaso.

Quiero ser, Señor, como un niño, que mira con ilusión todo lo que le rodea,
que arriesga por aquello en lo que cree,
que camina con confianza si alguien le tiende la mano
y que siempre, siempre, más o menos tiempo, sabe esperar.
Por eso, Señor:
en la espera, conviérteme a la vida;
en la espera, acaba con los límites que me desesperan;
en la espera, ayúdame a desbordar esperanza;
en la espera, Señor, quiero abrazar tu Cruz, esperanza de todos.

19.- Misericordia
La cuaresma nos invita a reflexionar sobre el bien que a todos nos hace en la vida
un gesto de misericordia, misericordia como actores o misericordia contemplada como
espectadores, pero sólo con el tiempo te das cuenta de que son así las cosas… sostener
una mano, escuchar a un amigo o a un enemigo, querer y dejarse querer... En el entierro
de un sacerdote diocesano de Zamora escuché decir a una de sus catequistas: “gracias,
Félix, siempre amigo de tus amigos y de tus enemigos”. Cuánta misericordia contenida
en tan pocas palabras. Pero sólo con el tiempo te das cuenta de que las cosas son así.
La cuaresma nos invita a reflexionar sobre nuestros sentimientos de misericordia tantas
veces ocultada en nombre de la justicia, como si no tuviéramos derecho a sentir. La
cuaresma nos invita a no apresurarla o forzarla, porque no podemos dar nada que no
tengamos primero. Pero sólo con el tiempo te das cuenta de que así son las cosas.

Oración
Hoy, a la puerta del colegio que hay al lado de casa he presenciado un encuentro. He
visto a un niño que se reencontraba con sus padres. Venían de un largo viaje, venían de
adoptar a un hermano para su hijo y al verlos soltó su cartera y se lanzó a su encuentro
sin fijarse en las escaleras, sus padres soltaron sus abrigos e hicieron lo mismo sin
importarles nada… Así de libre quiero ir yo a tu encuentro, Dios mío, en esta cuaresma,
libre y dispuesto para el abrazo de la más grande experiencia de la vida, para el abrazo de
tu misericordia. Se me encoge el corazón sólo de pensarlo y, sencillamente, sólo puedo
decir que eres lo más importante que me ha pasado en la vida. Amén

20.- Un sí como el de María
El sí de María es:
UN SÍ PERMANENTE: pues dijo sí
y nunca se volvió a atrás.
UN SÍ GOZOSO, dicho en positivo,
no contrariado, ni angustiado.
UN SÍ GRATUITO, pues nada pide a cambio.
UN SÍ HUMILDE, no desde la autosuficiencia,
sino desde la pequeñez y la pobreza.
UN SÍ LIBRE, dicho desde la lucidez y el amor,
y no desde el miedo o la imposición.
UN SÍ RESPONSABLE, bien consciente,
bien pensado y decidido,
aceptando las consecuencias.
UN SÍ CONFIADO, porque pone su fuerza en Dios.
UN SÍ CREYENTE, fruto de la fe; un sí al misterio.
UN SÍ ENAMORADO, como el de una novia,
porque Dios es todo su amor.
UN SÍ MATERNAL, con entrañas y anhelo de madre,
abierto a la ternura y la misericordia.
UN SÍ DE PLENITUD, porque no es el sí de una persona
sino el sí de todas las personas:
el sí de todos los pobres de Dios,
los que sólo confían en Él,
los que todo lo esperan de Él;
el sí de todos los creyentes,
el sí de todos los profetas que obedecen
y se entregan y cantan al mundo nuevo,
el sí de todos los mártires
que ponen su vida en Dios hasta el fin.
UN SÍ ENTREGADO, pues pone toda su vida en manos del Padre.
UN SÍ REPARADOR, por todos los “noes” pronunciados,
por todas las rupturas con Dios.
María, ayúdanos a decir sí.

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