domingo, 3 de marzo de 2013

3º SEMANA DE CUARESMA



TERCERA SEMANA DE CUARESMA







11.- ORACiÓN




Hay cruces casi «inevitables»...


ciertas edades,
ciertos climas,
ciertos trabajos,
ciertos caracteres,
ciertas convivencias,
ciertas palabras,
ciertos silencios,
ciertos momentos,
ciertos...
Y uno debe asumirlas.

Oración
Señor, sé que no puedo hacer nada
para añadir o quitar un solo segundo a mi vida;
sé que hay borrascas y anticiclones
aunque yo prefiera siempre justo lo contrario;
sé que podría tener un trabajo mejor
pero tengo el trabajo que tengo;
sé que el carácter de algunas personas a veces me supera;
sé que hay convivencias que no entiendo;
sé que hay palabras que borraría para siempre del diccionario;
sé que hay silencios que duelen
y momentos por los que me gustaría no tener que pasar nunca...
Sé, Señor, que hay muchas cosas en mi vida
que son inevitables y que debo asumirlas;
¡tantos desiertos por los que debo pasar
para crecer en fidelidad a tu Evangelio!
Dame la fuerza necesaria
para hacer de la experiencia del DESIERTO
una oportunidad para conocerme más a mi mismo
y adherirme más a ti;
dame la fuerza necesaria
para abrazar las cruces casi “inevitables”, 
asumirlas y crecer con ellas. Amén

12. EN TU DESIERTO, SEÑOR
5 marzo 6 marzo


Vivo, Señor, en mi desierto de angustias y miserias.
Vivo, Señor, en mi desierto de infidelidades.
Vivo, Señor, en mi desierto de penas e historias que me atan.
Vivo, Señor, en un desierto en el que me cuesta trabajo escuchar tu voz.
Libérame y escucha mi voz que te llama.
Libérame y sácame de mi Egipto.
Libérame y abre mis ojos para buscarte.
Libérame y tiéndeme tu mano fuerte.
Libérame y condúceme a tu desierto, Señor.
En tu desierto, Señor, quiero vivir de otra cosa que no es pan.
En tu desierto, Señor, quiero ser fiel a tu Palabra.
En tu desierto, Señor, quiero caminar dándote la mano.
En tu desierto, Señor, quiero dar frutos y
hacer que de mí manen amor y misericordia.
En tu desierto, Señor, sé que encontraré tu Vida,
sé que encontraré mi vida.
Entraré en tu desierto, Señor.
Me despojaré de todo lo que me oprime.
Dejaré que me hables y me seduzcas.
Porque quiero hacerme fuerte en ti.
Porque quiero en tu desierto, Señor,
tener las manos disponibles
para abrazar tu Cruz.


13. Para estar contigo,


Para estar contigo
me libero de mi alforja (mis preocupaciones);
me quito las gafas (mis visiones);
olvido mi agenda (mis negocios);
guardo la pluma en el bolsillo (mis planes);
arrincono el reloj (mi horario);
me despojo de mi ropa (mis ambiciones);
me desprendo de mis joyas (mis vanidades);
renuncio a mi anillo (mis compromisos);
me quito los zapatos (mis ansias de huida);
dejo, también, mis llaves (mi seguridad)
para estar sólo contigo,
el único verdadero Dios.

Y, después de estar contigo...

Tomo las llaves, para poder abrir tus puertas.
Me calzo los zapatos, para andar por tus caminos.
Me coloco el anillo, para comprometerme contigo.
Me adorno con las joyas, para asistir a tu fiesta.
Me visto la ropa, para salir a tu amplio mundo.
Recupero mi reloj, para vivir al compás de tu tiempo.
Cojo mi pluma, para escribir tus pensamientos.
Recobro la agenda, para no olvidar tus citas conmigo,
mis citas contigo, a lo que soy muy propenso.

Me pongo las gafas, para poder ver el mundo a tu modo.

Y cargo con mi alforja, para llevar y sembrar tus promesas.


marzo 9 marzo


14.- En una nube, Señor
Estoy aquí, Señor, cerca de ti, pero no te veo.
Estoy aquí, Señor, a tu lado, pero no te pienso.
Estoy aquí, Señor, casi tocándote, pero no te siento.
Estoy aquí, en una nube, Señor.
Y es que me recorre un escalofrío;
es que estoy lleno de incertidumbre;
es que me asusto y no sé que hacer;
porque no sé dónde estás, no sé cómo encontrarte,
porque no sé quién eres ni de qué modo buscarte.
Quizá no te escuche,
Quizá no descifre tus señales;
Quizá me parezca todo tan difícil…
Quizá no quiera verte, pensarte ni sentirte…
Quizá esté a gusto aquí, en una nube, Señor.
En la nube, Señor, dame claridad para caminar firme en ti
y reconocer tus signos.
En la nube, Señor, dame valor para afrontar lo que cada día
pones en mi paso.
En la nube, Señor, dame entrega para alabarte
y hacerte vida en mi vida.
En la nube, Señor, dame decisión,
para abrir mis manos a tu Cruz.



15. Carta de María a un joven

Querido hijo:


Dios, tu padre, me pide que te escriba unas líneas. Está preocupado porque te ve
demasiado obsesionado por conseguir las cosas que te ofrece la sociedad y pasas de Él.
El mundo te dice que hay que mirar las cosas desde arriba, porque sólo el que tiene
dinero, fama y poder es feliz. Sin embargo, Él quiere que te recuerde que mi Hijo, tu
hermano Jesús, nació acá abajo, entre la gente sencilla, humilde y pobre, y desde
abajo comenzó a construir el Reino de Dios con la única fuerza del amor.
Vuélvete hacia Dios, lo necesitas; tienes que hablarle, escucharle, sentirte cerca
de Él en la oración. Ya verás: Él no defrauda nunca. Te hará comprender que,
cuanto más te olvides de ti mismo y vivas para los demás, más feliz serás, porque
estarás más lleno de Él. Te olvidarás de las cosas que la sociedad de consumo
te ofrece y, cuando tengas que usarlas, lo harás sin rendirles el corazón,
porque tu corazón le pertenece a otro y tu tesoro está lleno de otra clase de
riquezas. Sentirás que tu vida se llena de sentido. Trabajarás por hacer un
mundo mejor hasta consumir tus fuerzas. Y al final, cuando veas que la
labor te sobrepasa, entenderás que estás trabajando en la obra de Dios,
y que tú sólo eres un obrero en ella, incapaz de entenderla del todo
y de terminarla por completo, pero seguro de que algún día se
acabará gracias al esfuerzo de otra mucha gente, que como tú,
decidió hacer caso a Dios y hacer lo que Él les pedía.
El camino es difícil, pero no es imposible. Te lo digo yo,
que lo seguí la primera. Me dirás yo lo tuve fácil por ser
la Madre de Jesús. No es cierto: yo también tuve que
buscar constantemente la voluntad de Dios. Desde
que le dije que sí, anduve en búsqueda y en
inquietud constantes. A mí también me costó
aprender a ver las cosas desde Dios. Me costo
reconocer a su Hijo en el pesebre y, sobre
todo, en la cruz. Hasta que comprendí
que el arma de Dios es el amor y que no
hay mayor amor que dar la vida por los
demás.
Hijo, hazme caso. Verás cómo así es
como realmente se es feliz. Un beso.
María, tu madre.

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